Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes ocaso de Polonia”, que justamente está llena de estremecimientos. Por supuesto no me tocaba el quinto libro, sino el cuarto, pero las niñas mayores acostumbraban prestarme los suyos para que leyera.
- ¿Esas mujeres, la señora Thomas y la señora Hammond, fueron buenas contigo? –
preguntó Marilla espiando a Ana con el rabo del ojo.
- O-o-o-h – balbuceó Ana. Su sensitiva carita enrojeció embarazosamente y enarcó las cejas –. Oh, querían serlo; sé que tenían intenciones de ser tan buenas y amables como fuera posible. Y cuando la gente quiere ser buena con uno, no se le da mucha importancia si no lo consiguen del todo siempre. Tenían muchas cosas por las que preocuparse, ¿sabe? Es muy angustioso tener un marido borracho; y debe ser muy penoso tener mellizos tres veces, ¿no le parece? Pero estoy segura que se proponían ser buenas conmigo.
Marilla no hizo más preguntas. Ana guardó silencio, fascinada por el camino de la costa, y Marilla guiaba la yegua también abstraída, mientras reflexionaba profundamente.