Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes La señora Spencer desapareció tras correr las cortinas. Ana, sentada en silencio con las manos fuertemente apretadas sobre su falda, contemplaba a la señora Blewett como fascinada.
¿La dejarían al cuidado de aquella mujer de ojos agudos y cara afilada? Sintió que se le hacía un nudo en la garganta y cerró dolorosamente los ojos. Empezaba a temer que no podría retener las lágrimas, cuando volvió la señora Spencer, decidida, capaz de desvanecer cualquier dificultad, física, mental o espiritual.
- Parece que hubo un error respecto a esta niña, señora Blewett – dijo –. Yo creía que el señor y la señorita Cuthbert querían adoptar una niña. Así se me dijo, pero lo cierto es que querían un muchacho. De manera que si piensa lo mismo que ayer, creo que aquí tiene lo que quería.
La señora Blewett escudriñó a Ana de la cabeza a los pies.
- ¿Qué edad tienes y cómo te llamas?.
- Ana Shirley – murmuró la sobrecogida niña –, y tengo once años.