Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Por supuesto, ya que usted quiere que lo haga – asintió la niña alegremente –. HarÃa cualquier cosa por complacerla. Pero por esta vez tendrá usted que indicarme qué debo decir. Cuando me acueste, pensaré una bonita oración para decirla siempre. Creo que será muy interesante, ahora que me ha hecho pensarlo.
- Debes arrodillarte – dijo Marilla embarazosamente.
Ana se arrodilló frente a Marilla y preguntó seriamente:
- ¿Por qué la gente tiene que arrodillarse para rezar? Si yo realmente quisiera rezar, voy a decirle lo que harÃa. IrÃa a un campo grande, solitario, o me internarÃa en lo más profundo del bosque; mirarÃa el cielo, arriba, arriba, arriba, a ese maravilloso cielo azul que parece no tener fin. Y entonces, realmente sentirÃa una plegaria. Bueno, estoy lista.
¿Qué tengo que decir?.