Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Suena terriblemente irrespetuoso llamarla Marilla – protestó Ana.
- Creo que no habrá nada irrespetuoso en ello si tienes cuidado de hablar respetuosamente.
Todos en Avonlea, jóvenes y viejos, me llaman Marilla, excepto el pastor. Él dice señorita Cuthbert, cuando se acuerda.
- Me gustarÃa llamarla tÃa Marilla – dijo Ana, pensativa –; nunca he tenido una tÃa ni pariente alguno; ni siquiera una abuela. Me harÃa sentir como si realmente fuera de la familia. ¿Puedo llamarla tÃa Marilla?.
- No, no soy tu tÃa y no me gusta dar a la gente nombres que no le pertenecen.
- Pero podrÃamos imaginar que lo es.
- Yo no podrÃa – dijo Marilla, ceñuda.
- ¿Nunca imagina usted cosas distintas de lo que son en realidad? – preguntó Ana con los ojos abiertos.
- No.
- ¡Oh! – Ana aspiró profundamente –. ¡Oh, señorita... Marilla, no sabe lo que se pierde!.