Ana de las Tejas Verdes

Ana de las Tejas Verdes

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

- Pero si me parecía ser todo lo reverente que podía. No creí que no lo fuera.

- Bueno, no creo que lo hicieras intencionadamente, pero no parece correcto hablar de esas cosas con tanta familiaridad. Otra cosa, Ana; cuando te mando a buscar algo, has de traerlo enseguida y no quedarte soñando ante los cuadros. Recuérdalo. Coge esa estampa y ven a la cocina. Siéntate en el rincón y apréndete la plegaria de memoria.

Ana colocó la cartulina contra el jarrón lleno de flores que había traído para decorar la mesa.

Marilla había contemplado de soslayo aquella decoración, pero nada dijo. Apoyó la barbilla en las manos y la estudió en silencio durante varios minutos.

- Me gusta esto – anunció –. Es hermoso. Ya lo había escuchado antes; el director de la Escuela Dominical del asilo lo dijo una vez. Pero no me gustó entonces. Tenía una voz 29

muy cascada y lo decía muy tristemente. Sentí que él consideraba rezar como un deber desagradable. Esto no es poesía, pero me hace sentir lo mismo que si lo fuera. “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.” Suena musical. Oh, estoy tan contenta de que haya pensado en hacérmelo aprender, señorita... digo, Marilla.

- Bueno, apréndelo y cierra la boca – dijo Marilla secamente.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker