Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos Cuando Ana llegó a la casa de Cyrus Taylor la noche siguiente, sintió el frío de la atmósfera en cuanto traspuso la puerta. Una limpia criada la guió hasta la habitación de huéspedes, pero mientras Ana subía la escalera, atisbó a la señora de Cyrus Taylor corriendo del comedor a la cocina; la dueña de casa se estaba secando las lágrimas del rostro pálido y preocupado, pero todavía bonito. Resultaba evidente que Cyrus todavía no se había repuesto del asunto del camisón.
Se lo confirmó una atribulada Trix, que entró en la habitación y susurró, nerviosa: