Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos Pero no había terminado con Elizabeth. Una tarde tormentosa, cuando el viento aullaba por la Calle del Fantasma, no pudimos salir de paseo, de modo que subimos a mi habitación y dibujamos un mapa del País de las Hadas. Elizabeth se sentó sobre mi almohadón azul en forma de rosquilla, para estar más alta, parecía un pequeño gnomo muy serio, inclinada sobre el mapa. Nuestro mapa todavía no está terminado… todos los días se nos ocurre algo más para añadir. Anoche situamos la casa de la Bruja de la Nieve y dibujamos una colina triple, cubierta totalmente por cerezos silvestres en flor, por detrás. (Ah, Gilbert, me gustaría tener cerezos silvestres cerca de nuestra casa de los sueños). Desde luego, tenemos un Mañana en el mapa… al este de Hoy y al oeste de Ayer… y tenemos infinitos «tiempos» en el País de las Hadas. El tiempo de primavera, el tiempo largo, el corto, el tiempo de la luna nueva, el tiempo de las buenas noches, el tiempo de la próxima vez, pero no de la última vez, porque ése es demasiado triste para el País de las Hadas; tiempo viejo, tiempo nuevo, porque si hay un tiempo viejo, tiene que haber uno nuevo… tiempo de montañas (pues tiene un sonido tan fascinante), tiempo nocturno y tiempo de día… pero no tiempo de ir a la cama ni a la escuela; tiempo de Navidad; tiempo perdido (pues es tan lindo encontrarlo), tiempo de alguna vez, tiempo bueno, tiempo rápido, tiempo lento, tiempo de darse un beso, de volver a casa y tiempo inmemorial… que es una de las frases más hermosas del mundo. Y tenemos flechas rojas por todas partes, que apuntan a los diferentes tiempos. Sé que Rebecca Dew me cree muy infantil. Pero, ay, Gilbert, no seamos nunca demasiado adultos y circunspectos para el País de las Hadas. Estoy segura de que Rebecca Dew no está convencida de que yo sea una buena influencia en la vida de Elizabeth. Piensa que la aliento en sus «fantasías». Una tarde en que yo no estaba, Rebecca le llevó la leche y la encontró en el portón, contemplando el cielo con tanta concentración, que no oyó los pasos (cualquier cosa menos etéreos) de Rebecca.