Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —¿Ah, sÃ? Bueno, lo único que espero es que no se equivoque y toque la marcha fúnebre, como hizo la señora de Tom Scott en la boda de Dora Best. Qué mal presagio. No sé dónde van a poner a dormir a toda la gente que hay aquÃ. Algunos tendremos que dormir colgados de la cuerda de la ropa, supongo.
—Buscaremos sitio para todos, tÃa Grace.
—Bueno, espero que no cambies de idea a último momento, Sally, como hizo Helen Summers. Se arma tanto alboroto. Tu padre está muy entusiasmado. Nunca me gustó buscar problemas, pero lo único que espero es que no le vaya a dar un ataque. Lo he visto suceder.
—Papá está muy bien, tÃa Grace. Sólo un poco emocionado.
—Ah, eres demasiado joven, Sally, para saber todo lo que puede suceder. Tu madre me contó que la ceremonia será mañana al mediodÃa. La moda en cuanto a bodas está cambiando, como todo lo demás, y no para mejor. Yo me casé por la tarde. Ah, cielos, ya no es como antes. ¿Qué le pasa a Mercy Daniels? Me la encontré en la escalera y vi que se le ha puesto la tez barrosa.
—«La misericordia no se fuerza» —rió Sally, mientras se ponÃa el vestido para la cena.