Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Por Dios, ¿qué pasa? —exclamó Dot Fraser, sentándose en la cama.
—Chsss… —advirtió la tÃa Sabueso, con ojos desorbitados—. Creo que hay alguien en la casa… estoy segura. ¿Qué es ese ruido?
—Parece el maullido de un gato o el ladrido de un perro —respondió Dot, presa de un ataque de risa.
—Nada de eso —replicó la tÃa Sabueso con severidad—. Sé que hay un perro ladrando en el granero, pero no fue eso lo que me despertó. Ha sido un golpe… un golpe fuerte, claro.
—Señor lÃbranos de fantasmas, monstruos, bestias de piernas largas y cosas que golpean en la noche —murmuró Ana.
—Señorita Shirley, no es una broma. Hay ladrones en la casa. Voy a despertar a Samuel.
La tÃa Sabueso desapareció y las chicas se miraron entre sÃ.
—¿Acaso creen…? Todos los regalos están abajo, en la biblioteca… —dijo Ana.
—Yo me levanto —dijo Mamie—. Ana, ¿has visto alguna vez algo parecido al rostro de la tÃa Sabueso cuando bajó la vela y quedó medio en sombras, con los mechones de pelo alrededor de la vela? ¡Estaba igual a la bruja de Endor!