Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos «¡Ay, señorita Shirley! ¿De veras? Jamás recibí una carta en mi vida. ¡Qué divertido será! Y yo le escribiré, si me dan un sello. Si no es así, sabrá que estoy pensando en usted, de todos modos. He bautizado Shirley a la ardilla del jardín… en honor a usted. No le importa, ¿verdad? Al principio pensé llamarla Ana Shirley, pero me pareció que sonaba irrespetuoso y además Ana no es un buen nombre para una ardilla. Tal vez sea una ardilla masculina, en todo caso. Qué preciosas son las ardillas, ¿verdad? Pero la “mujer” dice que se comen las raíces de los rosales».
«¡Muy característico de ella!», respondí.
Le pregunté a Katherine Brooke dónde pasaría el verano y me respondió secamente: «Aquí. ¿Adónde creía que iría?».
Sentí que tendría que haberla invitado a Tejas Verdes, pero no pude. De todos modos, no creo que hubiese venido. Y es tan aguafiestas. Arruinaría todo. Pero cuando pienso en ella, sola en esa pensión poco atractiva todo el verano, la conciencia me da desagradables tirones.