Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos El camino Dawlish era un camino sinuoso y la tarde estaba hecha para caminantes… o al menos eso pensaban Ana y Lewis mientras lo recorrÃan, deteniéndose de vez en cuando para disfrutar de un repentino atisbo azul del estrecho entre los árboles, o tomar una fotografÃa de un panorama particularmente bonito o una casita pintoresca en una hondonada. Tal vez no fuera tan agradable visitar las casas y pedir suscripciones a beneficio del Club de Arte Dramático, pero Ana y Lewis se turnaban para hablar… él se encargaba de las mujeres y Ana convencÃa a los hombres.
—Encárguese de los hombres si va a ir con ese vestido y ese sombrero —le habÃa aconsejado Rebecca Dew—. He tenido mucha experiencia en pedir dinero en mis tiempos, y siempre quedó demostrado que cuanto mejor vestida se está y mejor aspecto se tiene, más dinero, o promesas de dinero, se consiguen, si se ataca a los hombres. Pero si se trata de mujeres, hay que ponerse lo más viejo y feo que se tiene.
—¿No es interesante un sendero, Lewis? —preguntó Ana en tono soñador—. No un camino recto, sino uno con curvas y desvÃos que pueden ocultar toda clase de sorpresas y cosas bellas. Siempre me encantaron las curvas en los caminos.