Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos «Bueno, sí, pero no me han llamado señorita Dew en tanto tiempo que me pegué un buen susto. Será mejor que no lo vuelva a hacer, señorita Shirley, pues no estoy acostumbrada».
«Lo recordaré, Rebecca… Dew», respondí. Traté de no incluir el Dew, pero no lo logré, por supuesto.
La señora Braddock tenía razón al decir que la tía Chatty era sensible. Lo descubrí a la hora de la cena. La tía Kate había dicho algo acerca del «cumpleaños número sesenta y seis de Chatty». Por casualidad, miré a Chatty y vi que… bueno, no había estallado en llanto (ésa sería una expresión demasiado fuerte para su actitud). Sencillamente se desbordó. Las lágrimas se le formaron en los grandes ojos oscuros y cayeron sin esfuerzo y en silencio.
«¿Y ahora qué pasa, Chatty?», preguntó la tía Kate, con un dejo de aspereza.
«Es… es que sólo cumplí sesenta y cinco», respondió la tía Chatty.
«Perdóname, Charlotte», se disculpó la tía Kate… y el sol volvió a salir.