Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos ¡Como si hubiera algo que pudiese volver descarada y atrevida a la pequeña Elizabeth!
«Pienso que quizá tenga razón, señora Campbell», dije en mi tono más condescendiente. «En cualquier caso, cantará Mabel Phillips, y me han dicho que tiene una voz tan maravillosa, que opacará a todos los demás. Sin duda, es mucho mejor que Elizabeth no compita con ella».
La expresión de la señora Campbell era un cuadro. Puede ser Campbell por afuera, pero por dentro es Pringle hasta la médula. No dijo nada, sin embargo, y yo reconocí el momento psicológico y callé. Le di las gracias por las Memorias y me fui.
La tarde siguiente, cuando la pequeña Elizabeth vino hasta el portón a buscar la leche, su carita pálida resplandecía. Me contó que la señora Campbell le había dicho que podría cantar, después de todo, si se cuidaba bien de no volverse vanidosa.
¡Sucede que Rebecca Dew me había contado que los clanes Phillips y Campbell siempre han rivalizado en cuanto a quienes tienen las mejores voces!