Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Ah, pero tuvo suerte de atraparlo, finalmente. Hubo un tiempo en que temÃa que él no regresara del Oeste. Se lo advertÃ. «Puedes estar segura de que te decepcionará», le dije. «Siempre decepciona a todo el mundo. Todos esperaban que muriera antes de cumplir un año, pero como verás, sigue vivo». Cuando él compró la casa de los Holly, le volvà a advertir: «Me temo que ese pozo está lleno de tifus», le dije. «El empleado de los Holly murió allà de tifus hace cinco años». No podrán culparme a mà si sucede algo. Joseph Holly tiene un problema en la espalda. Lo llama lumbago, pero me temo que es el comienzo de una meningitis espinal.
—El anciano tÃo Joseph Holly es uno de los mejores hombres del mundo —dijo Rebecca Dew, trayendo la tetera llena, por segunda vez.
—SÃ, es bueno —declaró la prima Ernestina en tono lúgubre—. ¡Demasiado bueno! Me temo que sus hijos se echarán a perder. Sucede asà con mucha frecuencia. ParecerÃa como que hay que establecer un promedio. No, gracias, Kate, no beberé más té… Bueno, un pastelillo, quizá. No son pesados para el estómago, pero temo que he comido demasiado.