Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos Hazel Marr tenía un notorio enamoramiento juvenil hacia Ana. Los Marr eran nuevos en Summerside; se habían mudado allí desde Charlottetown durante el invierno. Hazel era una «rubia de octubre», como le gustaba describirse, con pelo color bronce y ojos castaños. Según Rebecca Dew, ya no había servido para nada desde que había descubierto que era guapa. Pero Hazel gozaba de mucha popularidad, sobre todo entre los muchachos, que encontraban irresistible la combinación de su pelo y sus ojos. A Ana le resultaba simpática. Más temprano esa tarde, se había sentido cansada y algo pesimista, vencida por las actividades de la escuela, pero ahora se sentía descansada, aunque no podría haber dicho si se debía a la brisa de mayo, cargada de perfume de flores de manzano y que entraba por la ventana, o a la charla de Hazel. Tal vez a ambas cosas. De algún modo, Hazel le recordaba su propia juventud temprana, con todos sus éxtasis, ideales y visiones románticas.
Hazel tomó la mano de Ana y presionó los labios sobre ella, con gesto reverente.
—Odio a las personas a quienes quiso antes que a mí, señorita Shirley. Odio a las personas a quienes quiere ahora. Quiero que sea exclusivamente mía.
—¿No te parece poco razonable, tesoro? Tú quieres a otros, además de quererme a mí. ¿Qué hay de Terry, por ejemplo?