Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Ay, señorita Shirley, estoy segura de que no lo amo lo suficiente como para casarme con él. Ahora lo comprendo… ahora que es demasiado tarde. Me dejé encandilar hasta creer que lo amaba. De no haber sido por la luna, estoy segura de que le hubiera pedido tiempo para pensarlo. Pero me dejé llevar… ahora lo veo muy bien. ¡Ay, tendré que escapar… tendré que hacer algo desesperado!
—Pero Hazel, querida, si sientes que te has equivocado, por qué no decÃrselo…
—¡Ay, señorita Shirley, no podrÃa! Lo matarÃa. Me adora, sencillamente. No hay escapatoria. Y Terry está comenzando a hablar de casamiento. Piénselo… una chiquilla como yo… apenas tengo diecisiete años. Todas mis amigas a las que les he contado el secreto de mi compromiso me felicitaron… y es todo una farsa. Creen que Terry es un gran partido porque heredará diez mil dólares cuando cumpla veinticinco años. Se los dejó su abuela. ¡Como si me importara algo tan sórdido como el dinero! Ay, señorita Shirley, ¿por qué es éste un mundo tan mercenario? ¿Por qué?
—Supongo que es mercenario en algunos aspectos, pero no en todos, Hazel. Y si te sientes asà respecto de Terry… bueno, todos nos equivocamos. A veces es muy difÃcil reconocer lo que queremos…