Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —No sé de qué está hablando, señorita Shirley. No soy en absoluto ambiciosa como esas espantosas mujeres modernas. Mi ambición principal era ser una esposa feliz y formar un hogar feliz con mi marido. ¡Era… era! ¡Pensar que debo usar el pasado! Bien, no se puede confiar en nadie. Al menos, aprendà eso. ¡Qué lección tan amarga!
Hazel se secó los ojos y Ana la nariz. Dusty Miller fulminó a la estrella vespertina con una mirada de misántropo.
—Creo que será mejor que te vayas, Hazel. Estoy realmente muy ocupada y no veo que se vaya a ganar nada prolongando esta conversación.
Hazel fue hasta la puerta con aires de MarÃa, Reina de Escocia, avanzando hacia el cadalso, y allà se volvió con movimientos teatrales.
—Adiós, señorita Shirley. La dejo con su conciencia.
Ana, a solas con su conciencia, dejó la pluma, estornudó tres veces y se dedicó a elaborar un discurso.