Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos La propia Dovie acudió a Álamos Ventosos unas noches después, para consultar con Ana.
—¿Qué voy a hacer, Ana? ¿Qué puedo hacer? Jarvis quiere que nos casemos clandestinamente. Papá se irá a Charlottetown una noche de la semana que viene, a un banquete masónico; ésa sería una buena oportunidad. La tía Maggie no sospecharía nada. Jarvis quiere que vaya a casa de la señora Stevens y que nos casemos allí.
—¿Y por qué no lo haces, Dovie?
—Ay, Ana, ¿realmente te parece que debería hacerlo? —Dovie levantó hacia ella un rostro dulce, persuasivo—. Por favor, por favor, ayúdame a tomar una decisión. Me estoy volviendo loca. —La voz de Dovie se quebró—. Ay, Ana, no sabes cómo es papá. Detesta a Jarvis… no puedo imaginar por qué… ¿y tú? ¿Cómo puede alguien odiar a Jarvis? Cuando vino a visitarme por primera vez, papá le prohibió la entrada en la casa y le dijo que le echaría el perro encima si volvía… nuestro bulldog. Has visto que una vez que muerden, no sueltan la presa. Y jamás me perdonará, si me fugo con Jarvis.
—Debes optar por uno de los dos, Dovie.
—Es justamente lo que dijo Jarvis —lloró Dovie—. Ay, estaba tan severo… nunca antes lo vi así. Y no puedo… no puedo vivir sin él, Ana.