Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Entonces vive con él, mi querida muchacha. Y no lo llames una fuga. El venir a Summerside y casarte delante de todos sus amigos no es una fuga ni una boda clandestina.
—Papá dirá que sà —vaticinó Dovie, tragando un sollozo—. Pero seguiré tu consejo, Ana. Estoy segura de que tú no me recomendarÃas dar un paso equivocado. Le diré a Jarvis que consiga la licencia e iré a casa de su hermana la noche que papá esté en Charlottetown.
Jarvis, triunfante, contó a Ana que Dovie habÃa accedido, por fin, a casarse con él.
—Tengo que encontrarme con ella al final de la calle el próximo martes por la noche… No quiere que vaya hasta la casa por temor a que la tÃa Maggie me vea… Iremos a casa de Julia y nos casaremos en un abrir y cerrar de ojos. Toda mi familia estará allÃ, de modo que la pobrecilla se sentirá cómoda. Franklin Westcott dijo que nunca conseguirÃa a su hija. Pues bien, le demostraré que estaba equivocado.