Ana la de Alamos Ventosos

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Elizabeth sigue viniendo a buscar la leche, aunque la «mujer» ya se repuso de la bronquitis. Me extraña que se lo permitan, sobre todo considerando que la anciana señora Campbell es una Pringle. El sábado pasado, Elizabeth (creo que era Betty esa tarde) entró corriendo y cantando después de haberme dejado y oí con claridad que la «mujer» le decía, en la puerta: «Estamos demasiado cerca del domingo para que cantes esa canción».

¡Estoy segura de que «esa mujer» le impediría cantarla cualquier día, si pudiera!

Elizabeth llevaba puesto un vestido nuevo, color carmesí (la visten bien, eso sí), y comentó con melancolía:

«Me pareció que estaba muy guapa cuando me lo puse, señorita Shirley, y deseé que mi padre pudiera verme. Desde luego, me verá en Mañana, pero a veces parece que falta tanto para que llegue… Ojalá pudiéramos apurar un poco el tiempo, señorita Shirley».

Ahora, Gilbert querido, tengo que ir a resolver unos ejercicios de geometría. Estos ejercicios han reemplazado lo que Rebecca llama mis «esfuerzos literarios». El espectro que me persigue ahora es el miedo de que aparezca en clase un ejercicio que no sepa resolver. Y qué dirían los Pringle entonces… ¡qué dirían!


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