Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea »La carta de Annetta Bell fue muy larga, lo que me sorprendió, pues el escribir ensayos no es su fuerte y generalmente son tan breves como los de St. Clair. Annetta es una chiquilla muy tranquila y un modelo de buen comportamiento, pero no hay en ella ni una chispa de originalidad. Aquí tienes su carta.
«Mi muy querida maestra,
»Creo que le escribiré esta carta para decirle cuanto la quiero. La quiero con todo mi corazón, mi alma y mi pensamiento… con todo lo que hay en mí… y quiero servirla para siempre. Será mi más alto privilegio. Por eso es que me esfuerzo tanto por ser buena en la escuela y por estudiar mis lecciones. Usted es tan hermosa, señorita. Su voz es como música y sus ojos como pensamientos regados por el rocío. Es usted como una majestuosa reina. Su cabello es como oro ondeante. Anthony Pye dice que es rojo, pero usted no debe hacerle ningún caso a Anthony.
»Hace apenas unos pocos meses que la conozco, pero no puedo creer que haya habido un tiempo en que no la conociera… que usted no hubiera llegado a mi vida para bendecirla y santificarla. Siempre recordaré este año como el más magnífico de mi vida, porque es el que la ha traído a mí. También es el año que nos mudamos de Newbridge a Avonlea. Mi amor por usted ha enriquecido mi vida y me aparta del mal y la perversidad. Todo esto se lo debo a usted, mi dulce maestra.