Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea »Nos dijo que podíamos escribir sobre algunas personas interesantes que conociéramos. Creo que la gente más interesante que conozco es la de las rocas y voy a contarle algo respecto a ellos. Nunca le hablé a nadie de ellos, excepto a abuela y a papá, pero me gustaría que usted los conociera porque sé que entiende estas cosas. Hay muchas personas que no entienden, de modo que no vale la pena contarles nada. Mi gente de las rocas vive en la playa. Acostumbro a visitarla todas las tardes antes de que llegue el invierno. Ahora no puedo ir hasta la primavera, pero allí estarán, porque nunca cambian… es lo bueno que tienen. Norah es la primera que conocí y creo que es a la que más quiero. Vive en la ensenada de Andrews y tiene cabellos y ojos negros y lo sabe todo sobre las sirenas y algas marinas. Tiene que oír las historias que cuenta. Luego están los Mellizos Marineros. No viven en ningún lado; navegan todo el tiempo, pero a menudo vienen a la playa a conversar conmigo. Son un par de alegres marineros y lo han visto todo en el mundo… y más de lo que hay en el mundo. ¿Sabe lo que le pasó una vez al más joven de los Mellizos Marineros? Estaban navegando y entró en un claro de luna. Usted sabe señorita que un claro de luna es la huella que marca la luna llena en el agua cuando se asoma sobre el mar. Bueno, el menor de los Mellizos Marineros navegó a lo largo del claro de luna hasta que llegó justo hasta la luna misma y vio una puerta de oro, la abrió y navegó a través de ella. Tuvo algunas aventuras maravillosas en la luna, pero el contarlas haría muy extensa esta carta.