Ana, la de Avonlea

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—Te aseguro que no lo sabría decir; tan sucios estaban. Davy había estado fuera jugando con barro y Dora salió a buscarle. Davy la metió de un empujón dentro del montón más grande de barro y entonces, como ella llorara, se metió él también y chapoteó para demostrarle que no había motivo para llorar. Mary dijo que Dora era realmente una buena niña, pero que Davy estaba lleno de maldad. En realidad no ha tenido educación. Su padre murió cuando era pequeño y Mary ha estado enferma casi siempre desde entonces.

—Siempre siento lástima por los niños que no han tenido educación —dijo Ana seriamente—. Usted sabe que yo no la había tenido hasta que se hizo cargo de mí. Espero que su tío se ocupe de ellos. Dígame, ¿qué parentesco exacto hay entre la señora Keith y usted?

—¿Entre Mary y yo? Ninguno. Su marido era… primo tercero nuestro. Ahí viene la señora Lynde. Supongo que vendrá a preguntar por Mary.

—No le cuente lo del señor Harrison y la vaca —imploró Ana.

Marilla lo prometió, pero la promesa fue innecesaria, pues la señora Lynde no había terminado de sentarse cuando dijo:

—Vi al señor Harrison echando la vaca de su campo de avena cuando regresaba a casa desde Carmody. ¿Armó mucho alboroto?


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