Ana, la de Avonlea

Ana, la de Avonlea

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ana y Marilla cambiaron furtivamente una sonrisa divertida. Pocas cosas en Avonlea podían escapársele a la señora Lynde. Aquella misma mañana, Ana había dicho: «Si entrara alguien en su habitación, a medianoche, cerrara la puerta con llave, corriera las cortinillas y estornudara, la señora Lynde diría al día siguiente que estaba muy fría la noche».

—Creo que se enfadó mucho —contestó Marilla—. Yo no estaba en casa. Le echó un buen sermón a Ana.

—Me parece un hombre muy desagradable —dijo Ana, con un movimiento ofensivo de su rojiza cabeza.

—Nunca has dicho una verdad más grande —confirmó solemnemente la señora Rachel—. Supe que habría inconvenientes cuando Robert Bell vendió su hacienda a un hombre de Nueva Brunswick, eso es. No sé qué será de Avonlea, con tanta gente nueva. Pronto, ni siquiera estaremos seguros en nuestra propia cama.

—¿Es que vienen más forasteros? —preguntó Marilla.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker