Ana, la de Avonlea

Ana, la de Avonlea

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—Lo único que queda por hacer es nombrar una comisión que lo visite y proteste —dijo Julia Bell—. Y debemos enviar chicas, pues con los varones será rudo. Pero yo no iré, de manera que no es necesario que me nombréis.

—Mejor que enviemos a Ana sola —dijo Oliver Sloane—; es la única capaz de lidiar con él.

Ana protestó. Deseaba ir y hablar, pero debía llevar otros consigo «para apoyo moral». Por lo tanto, se nombró a Diana y a Jane para que se lo dieran. La reunión se disolvió con zumbidos como de avispas indignadas. Ana se hallaba tan preocupada que no durmió hasta el amanecer y entonces soñó que los síndicos habían puesto una cerca alrededor de la escuela, con la inscripción «Pruebe Píldoras Pínpura» pintada a todo lo largo.

El comité visitó a Judson Parker la tarde siguiente. Ana luchó elocuentemente contra su nefasto designio y Diana y Jane la apoyaron valientemente. Judson fue zalamero, suave, lisonjero; les hizo algunos cumplidos sobre la delicadeza de los girasoles; lamentó mucho negar algo a tan bellas jóvenes… pero los negocios son los negocios y no podía dejar que en esta época tan difícil los sentimientos se cruzaran en su camino.


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