Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea La opinión pública se fijó por cierto en Judson Parker cuando el tema trascendió, pero eso no sirvió de mucho. Judson se reía y la desafiaba. Los «fomentadores» estaban tratando de resignarse a la idea de ver echada a perder con anuncios la parte más hermosa del camino a Newbridge, cuando Ana se puso en pie ante la presidencia y anunció que el señor Judson Parker le había dado instrucciones para que informara a la Sociedad de que no iba a alquilar su cerca a la Compañía de Específicos.
Jane y Diana se quedaron mirándola como si no creyeran en sus oídos. La etiqueta parlamentaria, que se guardaba estrictamente en la S. F. A., la inhibió y no pudieron dar rienda suelta a su curiosidad. Pero después de la sesión, Ana fue asediada en busca de noticias. Ella no tenía explicaciones que dar. Judson Parker la había alcanzado en el camino, diciéndole que tenía decidido solidarizarse con la S. F. A. en su odio contra los anuncios farmacéuticos. Eso fue todo cuanto dijo Ana, en aquel instante o después, y era la pura verdad; pero cuando Jane Andrews, camino a casa, confió a Oliver Sloane su firme creencia de que había algo detrás de aquel cambio, también dijo la verdad.