Ana, la de Avonlea

Ana, la de Avonlea

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La noche anterior, Ana había ido a ver a la anciana señora Irving por el camino de la costa, regresando a casa por un atajo que la llevó a la costa y luego por el bosque de abetos cerca de los Dickson, por una senda que salía al camino real justo un poco más allá del Lago de las Aguas Refulgentes, más conocido para las gentes sin imaginación como la laguna de los Barry.

En dos carricoches detenidos junto al camino se hallaban dos hombres. Uno era Judson Parker; el otro, Jerry Corcoran, un hombre de Newbridge al que, según palabras de la señora Lynde, «nunca había podido probársele nada». Era viajante de aperos agrícolas y prominente personalidad política. Estaba metido en cuanto enjuague político había. Y como Canadá se hallaba en vísperas de elecciones, Jerry era un hombre muy ocupado desde semanas atrás, pues recorría toda la región en busca de votos para su candidato. En el momento en que Ana emergió de entre la maleza, le escuchó decir a Corcoran:

—Si vota usted por Amesbury, Parker… bueno, yo tengo un pagaré por unas herramientas que recibiera usted en la primavera. Supongo que no le molestaría que fuera destruido, ¿no?

—Bu… eno, ya que me lo pide así —respondió Judson con un guiño—, creo que lo haré. Un hombre debe vigilar sus intereses en estos tiempos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker