Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea La rebanada «entró» con bastante facilidad, a juzgar por su rápida desaparición. Davy bajó del sofá cabeza abajo, dio una doble voltereta sobre la alfombra y anunció con decisión:
—Ana, me he decidido respecto al cielo. No quiero ir allí.
—¿Por qué no? —dijo Ana gravemente.
—Porque está en el desván de Simón Fletcher y a mí no me gusta ese señor.
—¡El cielo en el desván de Simón Fletcher! —tartamudeó Ana, demasiado sorprendida para reír—. Davy Keith, ¿quién te ha metido en la cabeza esa idea estrafalaria?