Ana, la de Avonlea

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La muchacha no mencionó la desgracia que le ocurriera a su nariz cuando contó aquella noche a Marilla los acontecimientos del día. Pero cogió la botella de loción para las pecas y la vació.

—Nunca volveré a probar tratamientos de belleza —dijo firmemente resuelta—. Sólo deben hacerlo las personas cuidadosas; pero en alguien tan propenso a cometer errores como yo, me parece que es tentar a la fatalidad.













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