Ana, la de Avonlea

Ana, la de Avonlea

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—Oh, supongo que el morir será bastante fácil; es el vivir como solterona lo que no me atrae —dijo Diana, sin intención humorística—. Aunque no me preocuparía mucho ser una solterona, si pudiera serlo como la señorita Lavendar. Pero nunca podré. Cuando llegue a los cuarenta y cinco, seré terriblemente gorda. Y mientras que en una solterona delgada puede haber algo romántico, no hay esperanzas para una gorda. ¿Sabes que Nelson Atkins se declaró a Ruby Gillis hace tres semanas? Ruby me lo contó todo. Dice que nunca tuvo intención alguna de aceptarle, porque quien se casara con él debía ir a vivir con sus padres; pero le hizo una declaración tan hermosa y romántica, que la convenció. Mas no quería apresurarse; le pidió una semana para considerarlo. Dos días más tarde, cuando fue al Círculo de la Costura con su madre, vio allí un libro llamado La guía completa de las buenas costumbres. Ruby dice que no puede describir sus sentimientos desde que en una sección llamada «La conducta durante el noviazgo y el casamiento» encontró, palabra por palabra, la declaración que le hiciera Nelson. En cuanto regresó a casa, le escribió una negativa muy cruel. Dice que desde entonces, los padres del muchacho se turnan para vigilarle, no vaya a ser que se tire al río; pero Ruby dice que no deben asustarse, pues en «La conducta durante el noviazgo y el casamiento» dice cómo debe comportarse un amante rechazado y no dice nada sobre ahogarse. Y dice que Wilbur Blair está bebiendo los vientos por ella, pero que no le hace caso. Ana hizo un movimiento de impaciencia.


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