Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Es un dÃa hermoso, pero la tarea que nos espera no tiene nada de hermosa —suspiró Diana—. ¿Cómo te dio por ofrecerte para pedir por este camino, Ana? Casi todos los «maniáticos» de Avonlea viven aquà y nos tratarán como si estuviéramos pidiendo para nosotros. Es el peor camino de todos.
—Por eso lo elegÃ. Seguro que Gilbert y Frederic se hubieran hecho cargo de este camino si se lo hubiera pedido. Pero sabes, Diana, me siento responsable de la S. F. A., ya que fui la primera en sugerirla y me parece que debo hacerme cargo de la tarea más desagradable. Lo siento por ti; pero no necesitas decir una palabra en los lugares raros. Yo hablaré… La señora Lynde dirÃa que nadie mejor para ello. Esta señora no sabe si aprobar o no nuestra obra. Se inclina a ello, cuando recuerda que el señor Alian y su esposa la apoyan, pero el hecho de que las sociedades de fomento se originaran en los Estados Unidos es un defecto muy grande. De manera que se coloca entre las dos opiniones y sólo el éxito nos justificará a sus ojos. Priscilla va a escribir un informe para nuestra próxima reunión; espero que será bueno, pues su tÃa es una escritora muy inteligente y no dudo que será cosa de familia. Nunca olvidaré el estremecimiento que me dio cuando supe que la señora Charlotte E. Morgan era tÃa de Priscilla. ParecÃa tan hermoso que yo fuera amiga de la muchacha cuya tÃa escribiera Los dÃas de Edgewood y El jardÃn de los pimpollos.