Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Si Davy es desobediente, razón de más para pensar en educarlo convenientemente; no sabemos qué será de ellos, ni qué influencias extrañas pueden recoger. Suponga que se hacen cargo de ellos los Sprott, que son sus vecinos. La señora Lynde dice que Henry Sprott es el hombre peor hablado que ha conocido en su vida y no puede usted imaginarse las palabras que dicen sus hijos. ¿No serÃa horrible que los mellizos las aprendieran? Suponga que se van con los Wiggins. La señora Lynde dice que el señor Wiggins vende todo cuanto puede y alimenta a su familia con leche descremada. A usted no le gustarÃa que sus parientes se murieran de hambre, ¿no es asÃ? Me parece, Marilla, que es su deber hacerse cargo de ellos.
—Supongo que sà —dijo Marilla tristemente—. Creo que le diré a Mary que me haré cargo de ellos. No debes ponerte tan contenta, Ana. Eso significará un aumento de trabajo para ti. Yo no puedo coser por culpa de mis ojos, de manera que deberás hacerte cargo de la confección y el arreglo de sus ropas. Y a ti no te gusta coser.
—Lo odio —dijo Ana con calma—, pero si usted acepta hacerse cargo de esos niños por un sentido del deber, seguramente que por la misma causa yo puedo coser. Hace bien a la gente realizar cosas que no le gusten… con moderación, se entiende.