Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Los mellizos son muy interesantes… por lo menos un par —dijo Ana—. El asunto se torna monótono sólo cuando hay dos o tres. Y creo que a usted le vendrÃa bien tener algo en qué entretenerse mientras yo estoy en la escuela.
—No me parece que sea como para entretenerse… yo dirÃa que nos traerá más preocupaciones y dolores de cabeza que otra cosa. No serÃa un riesgo tan grande si por lo menos fueran de la edad que tú tenÃas cuando me hice cargo de ti. Dora no me preocupa tanto, parece buena y tranquila. Pero Davy es un chiquillo travieso.
A Ana le gustaban mucho los niños y suspiraba por los mellizos Keith. Aún se mantenÃa vivo en ella el recuerdo de su propia niñez desvalida. SabÃa que el único punto vulnerable de Marilla era su profunda devoción hacia lo que creÃa su deber. Y Ana diestramente preparó su argumento con esa base.