Ana, la de Avonlea
Ana, la de Avonlea —Ahà está Marilla, que regresa del funeral —dijo a su marido, que estaba recostado en el sillón de la cocina. Thomas Lynde se recostaba más que de costumbre en su sillón por aquel entonces, pero su mujer, que era tan ducha en notarlo todo fuera de su hogar, aún no habÃa caÃdo en ello—. Y trae los mellizos consigo… SÃ, ahà está Davy, inclinándose a tirarle de la cola al poni, mientras Marilla le riñe. Dora está sentada muy envarada. Siempre parece estar asÃ. Bueno, la pobre Marilla va a tener bastante de qué ocuparse este invierno, no cabe duda. Y sin embargo, dadas las circunstancias, no veo que le quedara más remedio que hacerse cargo de ellos. Tendrá a Ana para que le ayude. La muchacha está contentÃsima. Y tiene un cierto don para tratar niños, eso es. Parece que fuera ayer cuando el pobre Matthew trajo a Ana y todos se rieron ante la idea de Marilla y la crianza de una niña. Y ahora ha adoptado mellizos. Uno nunca acaba de sorprenderse.