Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Supongo que sà —dijo Diana, vacilante—. No he estado allà desde que me casé. Ana Cordelia sale a explorar a menudo, pero siempre le digo que no se aleje mucho de casa. Le encanta vagabundear por el bosque y un dÃa, cuando la reprendà por hablar sola en el jardÃn, me dijo que no estaba hablando sola, que estaba hablando con el espÃritu de las flores. ¿Te acuerdas de ese juego de té para las muñecas con los capullitos rosados, que le enviaste cuando cumplió nueve años? No ha roto ni una pieza. Es muy cuidadosa. Sólo lo usa cuando las Tres Personitas Verdes vienen a tomar el té con ella. No pude sacarle quiénes son. Creo que, en algunas cosas, Ana, esa niña es mucho más parecida a ti que a mÃ.
—Tal vez haya más en un nombre de lo que Shakespeare quiso admitir. No le quites a Ana Cordelia sus fantasÃas, Diana. A mà siempre me dan pena los niños que no pasan algunos años en el PaÃs de las Hadas.
—Ahora Olivia Sloane es la maestra —dijo Diana, pensativa—. Es graduada, sabes, y va enseñar en la escuela durante un año para estar cerca de su madre. Ella dice que hay que hacer que los niños se enfrenten con la realidad.
—¿Ha llegado el dÃa en que debo escuchar que tú eres partidaria del «sloanismo», Diana Wright?