Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Y con razón. Mire cómo se rÃen de usted por preocuparse por los comentarios de la tÃa Mary MarÃa. Susan, después de todo, las capuchinas están naciendo en este rincón. Es tan gracioso, cuando una ha abandonado toda esperanza de algo, descubrir de pronto que está sucediendo. Voy a hacer un pequeño jardÃn de rosas en el rincón del sudoeste. El nombre mismo, «jardÃn de rosas», me vuelve loca. ¿Alguna vez vio un azul tan azul en el cielo, Susan? Y si presta mucha atención ahora, de noche, se puede escuchar los parloteos de todos los arroyitos del campo. Esta noche tengo ganas de dormir en el Pozo con una almohada de violetas silvestres.
—Lo va a encontrar muy húmedo —dijo Susan, paciente. La querida señora era siempre asà en primavera. Ya se le pasarÃa.
—Susan —dijo Ana, con tono seductor—, quiero organizar una fiesta de cumpleaños para la semana que viene.
—Bien, ¿y por qué no? —preguntó Susan. Por supuesto que nadie de la familia cumplÃa años en la última semana de mayo, pero si la señora querÃa una fiesta de cumpleaños, ¿por qué privarse?
—Para la tÃa Mary MarÃa —continuó Ana, decidida a pasar cuanto antes lo peor—. Cumple años la semana próxima. Gilbert dice que son cincuenta y cinco y estuve pensando…