Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Ah, sÃ, digamos que sÃ. Pero caà en las garras de la prima de Fred, Henrietta, y a ella le encanta contar sus operaciones y lo que sintió y cómo le habrÃa explotado el apéndice si no se lo hubiera sacado a tiempo. «Me dieron quince puntos. Ay, Diana, ¡cómo sufrÃ!». Ella disfruta mucho, pero yo no. Y es cierto que sufrió; entonces, ¿por qué no va a disfrutar contándolo ahora? Jim estuvo tan gracioso… Aunque no sé si a Mary Alice le habrá gustado mucho… Bueno, un trozo pequeño, lo mismo da ir presa por un robo que por dos, ¿no?, una porción bien pequeñita no va a cambiar las cosas… Jim dijo que la noche antes de la boda estaba tan asustado, que tuvo ganas de tomar el tren hasta el puerto. Dijo que todos los novios sienten lo mismo pero no se atreven a decirlo. ¿Te parece que a Gilbert y a Fred les habrá pasado lo mismo, Ana?
—Seguro que no.
—Eso dijo Fred cuando le pregunté. Dijo que lo único que lo aterraba era que yo cambiara de idea en el último momento, como Rose Spencer. Aunque nunca se sabe lo que piensa un hombre. Pero es inútil preocuparse ahora por eso. ¡Qué bien hemos pasado esta tarde! Tengo la sensación de que hemos vivido otra vez muchos momentos felices de antes… Ojalá no tuvieras que irte mañana, Ana.