Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside »He estado leyendo muchos pangeníricos… tengo un álbum inmenso lleno… pero me pareció que no había ninguno que a él le hubiera gustado. Él se reía mucho de éstos. Y es hora de que se lo mande hacer. Ya hace dos meses que se murió. Se murió lentamente pero sin dolor. No es una buena época para morirse, tan cerca de la primavera, señora Blythe, pero me las he arreglado lo mejor posible. Supongo que el tío Charlie se va a poner loco de furia si le encargo a otra persona escribir el pangenírico de Anthony, pero no me importa. El tío Charlie habla muy bien, pero él y Anthony nunca se llevaron del todo bien y eso quiere decir que no voy a permitir que él escriba el pangenírico de Anthony. Yo fui la esposa de Anthony… su fiel y amante esposa, durante treinta y cinco años… treinta y cinco años, señora Blythe —repitió, como temiendo que Ana pensara que habían sido sólo treinta y cuatro—, y voy a mandar a hacer un pangenírico que a él le hubiera gustado, aunque me cueste. Eso es lo que me dijo mi hija Seraphine… está casada y vive en Lowbridge, ¿sabe? Lindo nombre Seraphine, ¿verdad? Lo saqué de una lápida. A Anthony no le gustaba, quería ponerle Judith, por la madre. Pero yo dije que era demasiado solemne, y él aceptó, con mucha generosidad. No era hombre de discutir, aunque siempre la llamó Seraph… ¿Dónde estaba?
—Su hija le decía…