Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —No puedo prohibirle que esté con Jenny en la escuela, Susan. En realidad, no tengo nada contra la niña, aunque estoy segura de que inventa la mitad de las historias que cuenta sobre sus parientes y sus aventuras. Pero probablemente a Di pronto se le pasará el enamoramiento y no volveremos a oÃr hablar de Jenny Penny.
Pero siguieron oyendo hablar de ella. Jenny le dijo a Di que la preferÃa a todas las demás niñas de la escuela de Glen, y Di, sintiendo que una reina se habÃa rebajado hasta ella, respondió adorándola. Se hicieron inseparables en los recreos; se escribÃan notas en los fines de semana: daban y recibÃan goma de mascar: intercambiaban botones y colaboraban en las tareas conjuntas, y por fin Jenny invitó a Di a ir con ella a su casa después de la escuela y quedarse a pasar la noche.
Mamá dijo que no, muy decidida, y Di lloró copiosamente.
—Me dejaste quedarme a pasar la noche con Persis Ford —sollozaba.
—Eso es… diferente —dijo Ana, algo vacilante. No querÃa hacer de Di una engreida, pero todo lo que habÃa oÃdo de la familia Penny la habÃa hecho darse cuenta de que no podÃa ni siquiera considerar la posibilidad de que fueran amigos de los niños de Ingleside, y en los últimos tiempos la habÃa preocupado la fascinación que Jenny evidentemente ejercÃa sobre Diana.