Ana la de Ingleside

Ana la de Ingleside

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pero de alguna manera había que pasar la noche. No se fueron a la cama hasta tarde porque ninguno de los Penny se iba jamás temprano a la cama. El gran dormitorio al cual la llevó Jenny, a las diez y media, tenía dos camas. Annabel y Gert se estaban preparando para acostarse en una de ellas. Di miró la otra. Las almohadas estaban sucias. A la colcha le hacía mucha falta un lavado. El empapelado… el famoso empapelado «con loros»… estaba manchado de humedad y hasta los loros no se veían muy «lorezcos». Sobre una mesa, junto a la cama, había una jarra de granito y un lavabo de lata medio lleno de agua sucia. Di no iba a lavarse la cara en eso. Bueno, por una vez se iría a acostar sin lavarse la cara. Al menos, el camisón que le había dejado la tía Lina estaba limpio.

Cuando Di se levantó, después de decir sus oraciones, Jenny rió.

—Ah, pero qué anticuada eres. Te veías tan ridícula diciendo tus oraciones… Yo no sabía que hay gente que sigue diciendo oraciones. Las oraciones no sirven de nada. ¿Para qué las dices?

—Tengo que salvar mi alma —dijo Di, citando a Susan.

—Yo no tengo alma —se burló Jenny.

—Tal vez no, pero yo sí tengo —dijo Di, irguiéndose.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker