Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Muy bien. Si prefieres ese ciervo a saber una cosa importante sobre ti misma, quédate con él. A mà no me importa. Prefiero guardarme el secreto. Siempre me gusta saber cosas que las otras chicas no saben. Hace que seas importante. El domingo que viene, en la iglesia, te miraré y pensaré: «Si supieras lo que yo sé sobre ti, Nan Blythe». Será divertido.
—¿Lo que sabes sobre mà es algo bueno? —quiso saber Nan.
—Ah, es muy romántico… como esas cosas que una lee en los libros. Pero no importa. A ti no te interesa y yo sé lo que sé.
Para entonces, Nan estaba loca de curiosidad. La vida no valdrÃa la pena de ser vivida, si no podÃa averiguar cuál era el misterioso secreto de Dovie. Tuvo una súbita inspiración.
—Dovie, no puedo regalarte mi ciervo, pero si me cuentas lo que sabes sobre mÃ, te regalaré mi sombrilla roja.
Los ojos verdes de Dovie resplandecieron. Se habÃa sentido carcomida de envidia por esa sombrilla.
—¿La sombrilla roja nueva que tu madre te trajo de la ciudad la semana pasada? —preguntó.
Nan asintió. Se le aceleró la respiración… ¿Era posible… era posible que Dovie de verdad le contara el secreto?