Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside Pero Cassie Thomas la atormentaba. Durante una semana, Nan se sintió acosada por ella… una horrible semana durante la cual Ana y Susan se preocuparon mucho por la niña, que no querÃa comer, no querÃa jugar y, como dijo Susan, «sólo andaba por ahû. ¿Era porque Dovie Johnson habÃa vuelto a su casa? Nan dijo que no. Nan dijo que no era por nada. Estaba cansada, nada más. Papá la revisó y recetó una dosis de algo que Nan tomó obedientemente. No era tan feo como el aceite de ricino, pero ni siquiera el aceite de ricino era nada ahora. Nada era nada, excepto Cassie Thomas… y la horrible pregunta que habÃa surgido de su confusión y se habÃa apoderado de ella.
¿No tendrÃa Cassie Thomas que recuperar sus derechos?
¿Era justo que ella, Nan Blythe —Nan se aferraba con desesperación a su identidad—, tuviera todas las cosas que le eran negadas a Cassie Thomas aunque le pertenecÃan por derecho? No, no era justo. Y pese a sentirse desolada, Nan estaba segura de que no era justo. En alguna parte de Nan, habÃa un muy fuerte sentido de la justicia y del juego limpio. Y cada vez más, se le imponÃa la idea de que era justo que Cassie Thomas lo supiera.