Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Alexander Wilson era un honesto comerciante, al menos —dijo, muy rÃgida, la señora de Grant Clow. El dicho Alexander era primo tercero suyo, y los Wilson eran muy apegados a la familia—. Dejó cuarenta mil dólares cuando murió.
—Lástima que haya tenido que dejarlos —dijo Celia Reese.
—Su hermano Jeffry no dejó ni un centavo —dijo la señora Clow—. Fue el inútil de la familia. Dios sabe que ése sà se rió. Gastaba todo lo que ganaba, con cualquiera, y murió sin un centavo. ¿Qué sacó él de la vida con toda su bonhomÃa y tanta risa?
—Tal vez no mucho —dijo Myra—, pero piense en todo lo que puso en ella. Estaba siempre dando: buen humor, solidaridad, amistad, hasta dinero. Era rico en amigos, al menos… y Alexander no tuvo un amigo en toda su vida.
—No fueron los amigos quienes enterraron a Jeff —replicó la señora de Milgrave—. Tuvo que hacerlo Alexander… y le hizo una tumba hermosa. Le costó cien dólares.
—Pero cuando Jeff le pidió un préstamo de cien dólares para una operación que pudo haberle salvado la vida, ¿no se lo negó Alexander? —preguntó Celia Drew.