Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —No lo sé, era una cosa. Casi la lleva al suicidio. Yo tengo mucho miedo de que la empujen al suicidio, finalmente. ¿Sabes, Susan, que ella tenÃa un tÃo que se suicidó dos veces?
—¿Una vez no hubiera sido suficiente? —preguntó Susan, sin piedad.
Di se fue ofendida, pero al dÃa siguiente tuvo que volver con otro relato de desdichas.
—Delilah nunca tuvo ni una muñeca, Susan. El año pasado tenÃa tantas esperanzas de que para Navidad le regalaran una… ¿Y a que no sabes lo que le regalaron, Susan? ¡Una fusta! Le pegan casi todos los dÃas, ¿sabes? ImagÃnate que le peguen con una fusta a esa pobre niña, Susan.
—A mà me pegaron más de una vez con una fusta cuando era joven y no soy peor por eso —dijo Susan, que hubiera hecho quién sabe qué si alguien alguna vez hubiera intentado pegarle a un niño de Ingleside.
—Cuando le hablé a Delilah de nuestros árboles de Navidad, se puso a llorar, Susan. Ella nunca tuvo arbolito de Navidad. Pero este año está decidida a tener uno. Encontró un paraguas viejo que no tiene nada más que la armazón, y lo va a poner en un balde y lo va a decorar como un árbol de Navidad. ¿No es patético, Susan?