Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Lo siento por Diana —continuaba Delilah—. Cómo los padres descuidan a la familia es escandaloso. La madre es una dejada. Es terrible cómo se va y deja a los niños para que los cuide esa vieja Susan, sola, que además está medio loca. Lo que se desperdicia en esa cocina es de no creer. La esposa del doctor es demasiado despreocupada y perezosa para cocinar ni siquiera cuando está en casa, de modo que Susan hace lo que quiere. Iba a servirnos la comida en la cocina, pero yo la enfrenté y le dije: «¿Soy una visita o no?». Susan dijo que si le contestaba con insolencia me iba a encerrar en el armario. Yo le dije: «No se atreverá —Y no se atrevió—. Podrá intimidar a los niños de Ingleside, Susan Baker, pero no puede intimidarme a mû. Ah, les digo que enfrenté a Susan. No le permità que le diera jarabe sedante a Rilla. «¿No sabe que es veneno para los niños?», le dije.