Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside «Supongo que no estoy… celosa», pensó Ana, tratando de reír. Era todo tan ridículo… Qué más natural que a Gilbert le gustara la idea de volver a ver a una vieja amiga de Redmond… Qué más natural que un hombre ocupado, con quince años de matrimonio, olvidara horas, estaciones, días y meses… Ana le escribió a la señora Fowler para aceptar su invitación, y luego dedicó los tres días que faltaban para el martes a rogar desesperadamente que alguna mujer de Upper Glen comenzara a tener un hijo el martes, a eso de las cinco y media de la tarde.