Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —¡Susan! ¿Qué pasó? ¡Susan!
—El pequeño Jem ha desaparecido.
—¡Desaparecido! —Ana se quedó mirándola, sin expresión—. ¿Qué quiere decir? ¡No puede haber desaparecido!
—Sà —jadeó Susan, retorciéndose las manos—. Estaba en los escalones laterales cuando me fui a Glen. Volvà antes de que oscureciera, y no estaba allÃ. Al principio no me asusté, pero no pude encontrarlo por ningún lado. Busqué en todos los cuartos de la casa… Él dijo que iba a escaparse…
—¡TonterÃas! No harÃa semejante cosa, Susan. Se ha preocupado innecesariamente. Tiene que estar en algún lado… o se habrá quedado dormido… Tiene que estar en algún lado.
—Lo he buscado en todas partes, en todas partes. He rastreado el terreno y los cobertizos. MÃreme el vestido. Recordé que él siempre decÃa que serÃa divertido dormir en el granero. Allà fui…, y me caà por el agujero del rincón sobre un montón de paja… y sobre un nido con huevos. Es una suerte que no me haya roto una pierna… si es que puede decirse que algo es una suerte cuando el pequeño Jem está perdido.
Ana seguÃa negándose a asustarse.
—¿Le parece que, después de todo, se habrá ido a Harbour Mouth con los otros chicos, Susan? Jamás ha desobedecido una orden, pero…