Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside A pesar de sà misma, un escalofrÃo hizo estremecer a Ana. Por supuesto que Jem no se tirarÃa al estanque… era una tonterÃa… pero en el estanque habÃa un viejo bote que Carter Flagg usaba para salir a pescar truchas, y en su arranque desafiante de la tarde, Jem podrÃa haber intentado navegar por el estanque en él… muchas veces habÃa querido hacerlo… hasta podÃa haber caÃdo al estanque tratando de desatar el bote. Súbitamente, el miedo asumió una forma espantosa. «Y no tengo la menor idea de adónde fue Gilbert», pensó, perturbada.
—¿A qué se debe todo este alboroto? —preguntó la tÃa Mary MarÃa, apareciendo de pronto en la escalera, con la cabeza rodeada por un halo de pinzas y el cuerpo envuelto en una bata con bordado de dragones—. ¿Será posible que en esta casa jamás se pueda dormir tranquila?
—El pequeño Jem ha desaparecido —volvió a decir Susan, demasiado atrapada en las garras del terror como para resentirse por el tono de la señorita Blythe—. Su madre me lo confió…