Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —Me gustarÃa tomar una taza de té —dijo en un suspiro la tÃa Mary MarÃa, con tono quejoso y envolviendo sus enjutas formas en los dragones.
—No tardo nada —dijo Susan en seguida—. A las tres nos vendrá bien una taza de té.
Después de hablar por teléfono, Susan dijo:
—Mi querida señora, cuando el señor Flagg oyó que el pequeño Jem estaba bien, dijo: «Gracias a Dios». No volveré a decir ni una palabra contra ese hombre, cobre lo que cobre. ¿Y no le parece que podrÃamos comer pollo mañana, mi querida señora? A modo de pequeña celebración, digamos. Y el pequeño Jem tendrá sus bollitos preferidos para el desayuno.
Hubo otra llamada telefónica, de Gilbert esta vez, para avisar que llevaba a un niño quemado, de Harbour Head, al hospital de la ciudad y que no lo esperaran hasta el dÃa siguiente.