Ana la de Ingleside
Ana la de Ingleside —¿No es mejor un pez muerto que uno vivo, mami? Un pez muerto no se retuerce —dijo Di.
Dado que hay que decir la verdad a toda costa, debe admitirse que tanto la señora como la ciada de Ingleside rieron las dos.
Y asà estaban las cosas. Pero esa noche Ana le preguntó a Gilbert si pensaba que Walter estarÃa bien en Lowbridge.
—Es tan sensible y tan imaginativo… —dijo, preocupada.
—Demasiado —dijo Gilbert, que estaba cansado después de, como decÃa Susan, «haber tenido tres niños ese dÃa»—. Caramba, Ana, tengo entendido que a ese pequeño le da miedo subir la escalera en la oscuridad. Le va a hacer muchÃsimo bien convivir con los crÃos de los Parker unos dÃas. Volverá hecho otro niño.
Ana no dijo nada más. Sin duda, Gilbert tenÃa razón. Walter estaba muy solo sin Jem y, en vista de lo sucedido cuando nació Shirley, serÃa conveniente que Susan tuviera que ocuparse de la menor cantidad posible de cosas además de la casa y de soportar a la tÃa Mary MarÃa… cuyas dos semanas ya se habÃan extendido a cuatro.